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la belleza también madruga

Llevaba más de cinco años sin visitar aquella parada de autobús. Lejos de la ciudad las distancias se acortan, así que llego con adelanto. Me toca esperar. No obstante, aquí la alternativa no pasa a los diez minutos, sino cinco horas más tarde. Anoche pensé en ella. Creía recordar que al día siguiente podíamos compartir horarios. Sin embargo hoy no caí en la cuenta cuando llegué a la parada. Entonces, apareció. La belleza tiene estas cosas. No te deja reaccionar porque tu cuerpo sólo tiene recursos para intentar controlar un corazón enloquecido.

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