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Alvia. Coche 1. Asiento 6A.

La madrileña sentada en el 7B es una de esas mujeres acostumbradas a la clase Preferente. Algunos viajamos en estos asientos espaciosos de Pascuas a Ramos, otras, nacen metidas en uno de estos vagones. De esta manera, después de más de una hora y media hora de viaje en autobús desde Barcelona llegamos a la estación del Camp de Tarragona y ella no deja de vociferar a través del móvil que esto es una vergüenza: “El problema es cómo nos llevan, es unos autobuses donde casi no cabemos…” Sesenta años yendo en taxi conlleva estos problemas, no saber qué hay al otro lado. El viaje a Lleida ha sido un mero paseo, casi como el de Zaragoza. Llegamos con una hora de retraso y Renfe se lava las manos.

¡Ah! Tener una habitación doble (para uso individual) y disponer apenas de diez horas para disfrutar de ella… no logro entenderlo. Será la falta de costumbre.

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