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renovar el DNI

Irte a renovar el DNI y el pasaporte (perdido y caducado, respectivamente) a las nueve menos cuarto de un 17 de octubre no es ser previsor. Lo hubiera sido ir el 21 de mayo, justo cuando me había quedado sin documento de identidad y el pasaporte ya estaba agonizando.

Sales de casa. Llueve. Es una buena mañana. Tal vez no lo sea para coger el coche o algún cercanías de Renfe, pero es lo mejor que te puede pasar si te acercas a la comisaría de Sant Cugat a hacer el papeleo. ¿Quién tendrá narices de ir en una fría y húmeda mañana como esa?

Llegas quince minutos antes de abrir y eres el cuarto. Es decir, el último del primer grupo. Poco después de las nueve ya lo tienes todo. Bueno, en realidad no tienes nada y además te han volado 24 euros, pero te han prometido que el pasaporte te llegará mañana y que con el resguardo del DNI tendrás tu nuevo documento en cinco semanas. Tengo la extraña razón que sólo disponemos de cuatro funcionarios haciendo los miles de DNIs de todos los españoles y allí están, trabajando siete horitas al día, con sus descansos para el café, la cola, la flauta, la religiosa lectura del periódico gratuito…

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