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mi hipotética carrera como profesor

Demasiado bonito para ser verdad. A las seis de la tarde éramos doce. Comienzo mi hipotética carrera como profesor igual que dejé mi primera escuela. Una docena de niños en una clase con capacidad para cuarenta, pensé.

Antes de las siete, allí estábamos todos. 51 (sólo faltó la recién casada, todavía en Punta Cana de viaje de novios). Biólogos, periodistas, veterinarios, filólogos, traductores, algún farmacéutico… la mayoría teníamos la misma respuesta a la misma pregunta: “¿Por qué estás aquí?” “Para no cerrarme puertas” “Porque el futuro laboral de lo mío está muy mal” “Busco estabilidad…” En resumen, poca vocación.

Mañana más. Más clases, ¿más vocación? A la vocación tendremos que seguirla esperando.

Off topic: Más de dos años con obras a un palmo de mi ventana comienzan a crearme un cierto síndrome de Estocolmo, quizás en unos meses, cuando las máquinas y el ruido se marchen, los echaré de menos.

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