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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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niñatos en el tren


Que el tipejo ese, sentado justo al otro lado del vagón, se meta de mierda hasta las cejas no me quita el sueño. El problema es que tenga la osadía de fumarse un cigarro de camino al centro de la ciudad. Es entonces cuando sacaría el revolver escondido en el tobillo izquierdo y le haría jugar a la ruleta rusa. Él mismo colocaría la bala y le daría una vuelta al tambor. Tengo la sensación de que dejaría de fumar de por vida. Es una de las ventajas de los muertos. No tienen vicios. No obstante, estoy pensando que sería mejor dejar caer una granada de mano. Terminaríamos así con el niñato maleducado, la quinceañera que le sigue el rollo y la otra que pone la música a todo trapo a través de un móvil pagado por sus papás.

En cualquier caso, ¿de quién es la culpa, de los FGC por no vigilar sus vagones y no reventar a ostias a estos niñatos irracionales; o de los padres que no hacen caso a un juez muy sabio?

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