fresas y cruasanes (2ª parte)

Te acercas a la barra. Los bombones esperan junto a una taza templada que contiene una de las costumbres que aprendí de ti. De repente, un beso.

Las sorpresas son sorpresas cuando no cuentas con ellas; los besos se convierten en besos cuando alcanzan una mejilla que no esperaba esa dulce sensación sobre su piel.

Fue entonces cuando decidí mi planning del martes. Pero no me importaba tener que cambiar de estrategia y dejar pasar cuatro trenes. Sólo quería volver a ver tu sonrisa. Sólo quería volver a verte. ¿Cuándo? ¿Dónde? No importa. No importa el lugar ni el momento, sólo importa la compañía.