en mis inicios...

llorar

Cuando te contienes las lágrimas, todos te preguntan qué te pasa. Cuando no soportas ponerte a llorar en medio de una urbe indiferente, tu rostro es más que una autodescripción personal de cinco páginas a doble cara. Cuando decides dejarlo para más tarde, el más tarde llega, y entonces, es demasiado tarde. Ahora no tengo ganas de llorar.