"ya ha muerto"

“Ya ha muerto”. Tardas tres segundos en escuchar la noticia, cinco más en asimilarla. Llevas casi una semana esperando que llegue el momento de confirmar los malos augurios. Se ha ido.

Te acuerdas del pequeño, el que ahora se convierte en el hombre de la casa. Feliz por encontrar a la mujer de su vida, navega ahora entre las lágrimas de la despedida fugaz, casi sin avisar. De él heredó su nombre, su negocio y sus ojos azules.