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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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un mísero cabrón sin sentimientos


Te evita. Besos de compromiso y sonrisas simétricas. A veces, tras demasiado tiempo inmerso en falsedades, llega el momento de ser sincero, no sólo contigo mismo, sino con los demás. Ella te lo pedía sin palabras. Mejor así. Lo único que podría haberte espetado a la cara eran insultos enrabietados.

No hubo intercambio de miradas. La luz apagada dejó a solas las palabras de un arrepentido que volvía a llegar tarde a su cita. Escuchó de mí lo que quería. Había sido un idiota, un mísero cabrón sin sentimientos, un niño jugueteando con su muñequita de terciopelo. Ambos necesitábamos aquel momento. Para ella no iba a dejar de ser un cabrón confeso, pero descubrió que reconocía mis errores. Tarde, muy tarde, pero había llegado.

“Lo siento”… ¡Qué fácil resultan las palabras después de clavar cuatro puñaladas! Niño, ¡cabron! ¡despierta!