en mis inicios...

destrozada

La escuchas destrozada. Irónicamente destrozada. Tú, impotente desde la distancia. Deberían estar prohibido este tipo de relaciones absorbentes, asfixiantes… más aún con tipos que no saben ayudar a mejorar las cosas. ¿Por qué no dejas de cogerle las llamadas? ¿Es muy triste acabar así? No, el problema es que parece ser la única forma de terminar.

Me pondría a llorar. ¿Por qué? Porque la he querido y la quiero. La quiero lo suficiente para sentir aquello que nunca he vuelto a sentir. Hablo de realidad, no de pseudoliteratura realista siempre teñida de gris. Hablo de mi panadería, no de bollería industrial. Quiero abrazarla, aunque no sé hasta que punto tendré la capacidad de ayudarla. Me lanzará una de sus dulces sonrisas, aquellas que me deshacían… La quiero. Y la quiero ver feliz. Mejor dicho, autosuficiente. La vida no es para dejarla pasar río abajo como si nada te importara (como hacemos algunos) ni tampoco para quedarte anclado en un puerto e intentar mantener un barco a flote agujereado por todas partes.