en mis inicios...

el llanto de los ideas

Acierto a chapotear entre las teclas demasiado tarde. Cuando el reloj pide la hora de esconderse entre las sábanas. Sin alcohol en las venas, la realidad es más real que nunca. Duermo. No sigo escribiendo porque el llanto de las ideas hace imposible seguir coordinando conceptos. Tan sólo consigo vislumbrar miradas. Los ojos verdes de la profesional que envidias una vez más; los azules de una cara angelical que te besa en la mejilla al tiempo que te abraza como siempre quisiste que te abrazaran. También aparece una mirada costumbrista, normalizada con el paso de los días que se hace imprescindible en mi vida. Bueno, nadie es imprescindible, es cierto, pero aquella mirada es especial. Y lo especial es único.