en mis inicios...

tu francesita

De repente aparece allí. Inesperadamente, cuando nunca pensaste que volverías a saber de ella. Ella. Tu francesita. Tres minutos más tarde desearías que se hubiera cumplido tu deseo, mantenerla en tu mente como la dejaste, ligeramente pegada a tus labios.

No se acuerda de nada. Esta vez tu cara de estúpido no tiene precio. Su memoria tampoco. ¿O quizá sí se acuerde, pero…?  No digas tonterías. Se olvidó. Y tu vuelves a tu estado de normalidad. Estúpido.