¿estás huyendo?

Tenía tanto trabajo por hacer que tan sólo esperaba el momento de terminar aquel asqueroso semestre. Echarme en la cama, dormir. Poner la misma Marlango que estaba escuchando en aquel momento pero sabiendo que mi agenda navegaría demasiado lejos para recordar si quedaba algo pendiente. De repente, un sueño. Su rostro, sus ojos, su mirada y mi miedo.

Cuando nos falta confianza llegamos los últimos a todas partes. Las cosas ocurren mucho antes de que sepas de ellas. Entonces te quedas allí sentado, con la cara de un estúpido que intenta no parecerlo. Estúpido. Mirando hacia otro lado, como si lo que ocurriera a tu alrededor no te importara. Peor aún, como si no vieras nada. Tú a tu bola. Cada vez más estúpido. Al mismo tiempo sus labios despegan en busca de… podrían llegar a cualquier parte, tan sólo una excepción. Los tuyos. ¿Por que? Porque llevas mucho tiempo sin intentar buscar una solución a todo esto. Mejor dicho, nunca la has buscado. Y “todo esto” se resume en sólo tres palabras: ella, ella, ella.

Intentas huir de ella como si el tiempo corriera a tu favor. El tiempo pasa, es cierto, pero tan sólo se alía contigo a la hora de olvidar una historia ya terminada. Lo tuyo no llega ni a prólogo. Observas cómo el paso de los días borra los capítulos de una historia que no te atreves a escribir. Siempre lejos de sus ojos, lejos de su mirada, lejos, demasiado lejos. ¿Te asusta? Más te asustaría imaginar que será de ti cuando tu historia acabe olvidada entre los bocetos de un escritor mediocre.

Hazme un favor. Si no llegas demasiado tarde para recorrer el camino perdido y volver a toparte con sus pasos,… olvídate del miedo. Explícale que un día tuviste demasiado trabajo para hacer otra cosa que no fuera intentar salir de aquel túnel estresante. Pero de repente apareció ella y sentiste que aunque las cosas siempre podrían ir a peor, ella estaría allí. Dile que quieres dejar de soñar.

Despierta. Quizás todavía continúe allí.