en mis inicios...

relatar sentimientos auténticos

Los platos buscan su segunda residencia en la cocina cuando el reloj anuncia las once de la noche y mis dedos olvidan el vicio de la escritura.

Ellos también se preguntan dónde dejaron la frescura de antaño. Puede que haya dejado de generar inspiración y no sepa como abastecerme de la realidad. Es entonces cuando pienso hasta qué punto he seguido escribiendo relatos de una realidad falsificada. Idiota. Otra vez. Recuerdas cuándo le escribiste que era de las pocas veces que te ponías a relatar sentimientos auténticos. Era cierto. Entonces escribió el corazón:

Porque ahora sé que lo nuestro no es literatura barata, sino más bien la historia que nadie se atrevió a escribir, o que yo nunca me atreví a escribir.

Al final quizá no fuera de las baratas, pero sí de las efímeras, o de las imposibles. Aunque aquello formó parte de las pocas realidades que he intentado describir sin tapujos. Tengo hambre. Las cuatro tonterías ingeridas no engañan a un bien acostumbrado estómago.