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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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sus ojos verdes te atraviesen


La miras como queriendo pensar que vuestras vidas van a parar al mismo mar. Pero aquí Manrique se equivocó o dejó sin explicar que cada vida tiene un océano donde morir. Ha sido la estrella durante todo el día, la ovacionada, la fotografiada (mejor así, tú nunca fuiste un tipo fotogénico) la que ha recogido los halagos de unos y de otros. Al mismo tiempo, tú pasas desapercibido. Repasando los cuatro papeles que habéis preparado juntos. Sabes que llega tu momento, sabes que ella se mueve mejor allá arriba, pero esta noche, ni tú ni ella os movéis, juegas con ventaja.

Acaba el espectáculo. Tan solo has de virar tu cabeza unos grados a tu izquierda para que sus ojos verdes te atraviesen. No es el momento de enamorarse de un cuerpo bonito, así que sonríes tímidamente, te devuelve la sonrisa y desapareces.

Minutos más tarde, un beso de despedida (subida en sus tacones sois como dos torres que equidistan del cielo únicamente un par de centímetros).