te atrapa su mirada de sorpresa

Cierro la tele y me pongo a escribir, como en los viejos tiempos. Es el mismo teclado, aquel de mis primeras metáforas a la luz de una soledad algo olvidada. Llevo varios días desconectado del mundo. Siento como si me hubieran devuelto a una vida de la que nunca quise volver a formar parte. Me despierto demasiado tarde para ir a un gimnasio inexistente y me asomo a una cocina, tan impersonal para mí, que no me incita a hacer nada. La misma monotonía de aquellos cuatro años que narré en mis primeras líneas digitales.

¡Qué lejos quedan aquellos tiempos! Hace unas semanas volví a toparme con retales de aquella historia pasada. Tantos meses habían hecho mella en muchas memorias. Ojos de asombro, cuerpos algo más maduros y el sentimiento de aparecer de la nada. Me encantó.

Supongo que momentos como ese, cuando intentas que tu mirada atrape a la del otro, que descubra que estás ahí, entre esa muchedumbre, te hace un poco más feliz. Te atrapa su mirada de sorpresa, incapaz de hacer nada más que echar cálculos de cuanto hace que no os veis. Tal vez demasiado tiempo, o tal vez no. Si fuera demasiado tarde, esas miradas jamás se hubieran vuelto a unir.