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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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aquel pedazo de papel


Pasan tres minutos de las once cuando un tímido suspiro de viento aparece por detrás de la verja de la escuela. Enrique se abrocha el abrigo con prisas, el recreo es de esos lujos que ningún niño quiere perderse. Sale de clase a la carrera, pero de repente se detiene. Sabe que se ha olvidado algo, pero antes de pensar en ello debe esquivar a una manada de hombrecitos que están apunto de llevárselo por delante. Ahora, a salvo de cualquier peligro, mira hacia atrás.

Atraviesa la puerta del recreo con la bolsa del almuerzo y ha de conformase con la esquinita de un pequeño banco que su amigo Raúl le ha reservado. Su plátano, su chocolatina, su bocadillo… ¡La Constitución Europea! ¿Qué demonios hace esto en mi almuerzo?, se pregunta.

Antonia ya es algo mayor, rondará los sesenta, y lo único europeo que conoce son las famosas que aparecen en su lujosa y actualizada bibliografía que forman sus revistas del corazón.

Esa mañana, tras volver del quiosco, Antonia había encontrado en el felpudo de su puerta una especie de panfleto, o al menos eso había creído. ¿Muebles?, ¿otra enciclopedia?, ¿una televisión de plasma? No. Nunca había visto nada parecido. No tenía fotografías. ¿Para que sirve una propaganda si no te puedes distraer mirando las fotos?, se había preguntado al tiempo que untaba de tomate el bocadillo de su hijo Enrique. Segundos más tarde arrancaba un par de hojas y envolvía en ellas el almuerzo del pequeño de tres hermanos.

“Vamos Enrique, hoy jugamos contra los de cuarto”. La vocecilla de Raúl pareció no perturbar al pequeño Enrique que después de diez minutos seguía observando aquel pedazo de papel.