‘fichadas’

26Jun09

Mentía. Mentía cuando les negué que supiera quién se pasaba a verme por casa. En realidad, exactamente no sé quien aparece por aquí de vez en cuando, pero sí es cierto que hay IPs (el número que identifica a cada ordenador dentro de Internet  – definición propia y sesgada) más representativas que otras. Esto es. De las cientos de personas que han visitado esta web en los últimos tiempos, de las decenas que lo hacen a menudo y de las varias que pasan a diario, a algunas las tengo ‘fichadas’. Algo de esto avancé implícitamente hace poco.

Me encanta. No. No es que esté destapando mi vena de espía enfermizo, sino que me gusta ver como algunos conocidos entran en casa y dejan un pequeño rastro. Decía, a ellas les mentí. Tuve miedo. Miedo al qué pensarán, al qué dirán… Ahora, ahora respiro tranquilo a sabiendas que la curiosidad por conocer a sus visitantes es algo habitual entre los ‘bloggers’.

Nunca les advertí de la mentira. Así, la última vez que hablamos de mis letras, algunas me dijeron que no recordaban mi dirección, y me pidieron si podía dársela de nuevo. Entre ellas, ella. La misma a la que había visto darse una vuelta por aquí hacía una horas. Su IP era de las habituales y aquella tarde había cumplido sus rutinas. Callé durante un par de segundos y les volví a anotar el camino a mi casa. Sonreí y terminé de un trago me terminé la segunda cerveza de la noche.


San Juan 2009. Hace ya algún tiempo que dejé de vivir al lado del fuego la noche más corta del año. Venus 3. Hoy toca ponerse detrás de la barra… toca servir copas como a mediados de los ‘90 cuando intentaba buscar la botella de dos litros de Schweppes limón para la clara que me acababan de pedir. Tenía once años. Nada profesional, nada remunerado, sólo un simple apoyo y una excusa para colarme en el baile de las fiestas populares de un pueblo cercano donde actuaba la gran vedette del momento. Catorce años más tarde y después de miles de cubatas servidos, ahí estaba, en tierras falstaffianas rodeado de vasos, hielo, alcohol…

De camino a casa recordé el San Juan del 98. Recordé aquella noche, la mañana siguiente, recordé aquellos días porque tras aquel pasado se creó este presente. Después de una disputa pueril me quedé solo. Aislado del mundo. En silencio. Siempre me he dicho que todo aquello me hizo más fuerte. Es cierto. Pero lloré. Lloré mucho hasta que comprendí lo positivo de todo aquello. No obstante, esa vida me llevó a una exclusión social que tardé años en ir deshaciendo. Desperté no hace mucho. Y anoche, anoche mientras recordaba aquellos amargos momentos, les susurré a los hermanos Urquijo que me tocaran una de mis canciones favoritas. Era feliz. Soy Feliz.


despotismo

22Jun09

Si justo al llegar a casa, o incluso en los días posteriores, hubiera escrito sobre lo que pasó el viernes por la noche no creo que la entrada hubiera durado mucho tiempo publicada. Le hubiera reventado la cabeza con un disparo en la sien (literariamente hablando) así que poco después habría terminado borrando mis letras. No sería la primera vez (sí la segunda). Sin embargo, ahora (publico con fecha 22 de junio y escribo, desde un avión rumbo a Düsseldorf, una semana más tarde), ahora todo está más tranquilo. Esto es, dejaré la pistola en el segundo cajón de la mesilla, en el primero no me queda tan a mano, y escribiré que estuve muy cerca de mandarlo todo a la mierda; escribiré que tardé varios minutos en rechazar mi primer impulso. No. Dije que dejaría esto si no me pagaran lo que me pagan; que huiría de aquí con una clientela distinta; que un cambio de vida podría hacerme replantear mis fines de semanas obligatoriamente falstaffianos.

Lo sé. No estoy explicando lo qué ocurrió, nunca lo haré por escrito. Sólo apuntaré que tras ver la peor cara del caudillaje, levanté la cabeza, hice fluir mis palabras aunque no quisiera escucharme y sonreí para mis adentros. En el fondo estaba feliz, feliz porque definitivamente descubría el despotismo que hasta ahora sólo había imaginado y en el que siempre había intentado no creer. Era real, real y muy triste.


no bailan

21Jun09

No han soltado el bolso en toda la noche. Dos chicas jóvenes no habituales. No bailan, apenas mueven sus cuerpos. Sólo hablan y de vez en cuando recuerdan los combinados que guardan apoyados en una mesa. De repente dos recién llegados no dudan en lanzarse a una misión suicida. Lo saben, saben que no tendrán éxito. Sólo les queda esperar un milagro, un milagro que no llega. Se cumplen las previsiones. Fracasan. Ellos se van, ellas se ríen.

¡Se mueven! Son las dos de la madrugada. Una hora después de llegar, han decidido darle algo de marcha al cuerpo. Sin embargo, no tardan en despedirse de Venus 3. Les acompaño y les sugiero el ‘Cubano’ para tomarse la última (ahí sus pocas ganas de bailar se sentirán más reconfortadas). Tras nuestra corta conversación las veo más accesibles de lo que su impasible actitud me había demostrado. Cuando se van, vuelvo sobre mis pasos, entro en el Falstaff y les cuento la jugada a un par de habituales con los que he estado comentado la noche del dúo de clientas. Creo que ellos podrían haber probado suerte, eso sí, con algo más de cabeza que los suicidas de antes.


A los treintaytantos no quiere a una única mujer que le ate a una única cama. Es un habitual. Sale cogido de la mano de su última conquista. En realidad todavía no lo es, aunque 24 horas más tarde descubriré que consiguió su objetivo, que además hizo doblete con una de las amigas que acompañaban a la primera y que existen rumores de triplete. ¿Es posible? Todo es posible entre la clientela del Falstaff. Eso sí, anoche le costó más de lo normal. No creo que pensara que tendría que comerle tanto la cabeza para acabar comiéndole la boca. Pero conocido el final, ¡bendito rollo!

De la misma escuela del protagonista de esta entrada, es el “tengui, tengui, falti, tenqui…”, que os presenté meses atrás. Llegó a Venus de la mano de una alta y atractiva morena. No entraron al local, sino que bajaron hasta Còrsega y allí los vi desaparecer. Él volvió medio hora más tarde. Solo. A las tres y diez de la madrugada salió con un colega y dos clientas que no había visto en mi vida. Lo último que sé de esta historia es que acabaron en el Almo2bar, o esa era su intención.


Los habituales por esta casa sabréis que llevo semanas (supongo que ya son algunos meses) escribiendo a contracorriente, con mucho retraso. Definitivamente esa dinámica ha provocado que se pierdan muchos detalles, detalles que podrían haberse convertido en la trama principal de las historias que suelo contar por aquí. Además, el tiempo casi siempre ha viajado en mi contra porque he cometido muchos errores, entre ellos, escribir los apuntes a mano. ¿Cuál es el problema? No pasarlos a limpio un par de horas después de escribirlos. Al día siguiente no tiene ningún significado, son jeroglíficos indescifrables.

No obstante, no puedo negar que veces  el retraso ha ayudado a digerir alguna situación y poder así escribirla con más claridad. Eso sí, me quedo con la fresca sensación de escribir al día. Una sensación que casi he olvidado. Quizás, y de una vez por todas, sea un hombre de palabra y cumpla con mi intención de actualizar todo esto de una manera más uniforme.


mba

17Jun09

Subo por Aribau. Necesito coger un taxi pero he visto pasar lucecillas verdes por mi izquierda sin preocuparme. No hay prisa,… bueno, sí la hay pero es como si estuviera buscando el taxista más adecuado. Levanto la mano. “A Pearson…” Se conoce el destino a la perfección, no en vano estuvo por ahí hace más de tres décadas, cuando su padre le hizo director general de la compañía y le pagó uno de esos prestigiosos MBA. Lo sé. No creo que en Barcelona haya mucho taxistas con un título de la IESE. Supongo que tampoco habrá muchos que tengan una compañía propia y sigan conduciendo.

Durante el trayecto me habla de aquellos tiempos, de aquellas clases y de aquellos consejos que le sugirieron comprar unos bonos que a la postre le servirían para ampliar el negocio. Ya en Pedralbes se convierte en un guía turístico que explica quién vive por aquí, quién vive por allá, de quién era ese bar que terminó siendo un fiasco y cambió rápidamente de manos… Gran carrera.


Después de tanto tiempo juntos no les quedaba nada más en común que aquellos modernos muebles comprados en aquella casi olvidada tarde de compras cuando eran lo que ahora sólo fingían. Ella, que se había hecho adulta a su lado, seguía siendo una niña. Él, algo más mayor, cedía siempre ante las peticiones de la primera hasta que… Había soportado durante más de un lustro ser la chacha de una adolescente que estaba a punto de tomar la salida de los 30, pero no podía permitir que jugara con él, que lo engañara vilmente como creía que lo estaba haciendo. Y sin la confianza suficiente para preguntar qué estaba sucediendo, las sospechas buscaron pistas. A día de hoy continúan igual y así seguirán hasta que alguno de los dos tenga las agallas suficientes para enfrentarse a una relación que está acabada.

Es triste no poderse sentar cara a cara y comenzar una conversación…

- Fulanito, no le veo continuidad a nuestra historia y además no sé si me gustaría luchar por enderezar el rumbo y buscar la felicidad en la que vivimos durante los primeros tiempos.

- Fulanita, no me gusta un pelo tu actitud en casa. Creo que lo único que nos mantiene unidos es el juego de llaves que guardas en el bolso.


Dos autóctonas ligan con un par de franceses que todavía no sé cómo han terminado en Venus 3. La más decidida a comerse a uno de los gabachos echa mano de la otra para conseguir una interprete que le cubra los vacíos comunicativos producidos por su mediocre nivel de francés.

Diez minutos más tarde. Conseguido. Ahí están. Él, que lleva una borrachera de primer grado, se deja llevar por un baile que dirige ella. Se van… vuelven y sigue la fiesta. A última hora, ahí están los cuatro. Sentados en la acera justo al cruzar Perill. La parejita, algo menos junta; y la interprete, esforzándose para no vomitar en medios de Venus. El segundo francés está fuera de juego, no sabe muy qué papel debe jugar en toda esta historia.

Una hora antes…, sale con la copa escondida como si no pudiera verlo. Su turca le da un 5% de capacidad mental, pide “putas baratas y guapas”. Si le viera la novia que sé que tiene… Me acerco con tranquilidad, se termina el cubata de un trago y ya tengo el continente.

No había perdido la esperanza de volver a verla porque nunca he sido un tipo tremendista, pero después de tanto tiempo sin pasarse por venus 3… Rosalita, va ser tot un plaer trobar-te al Falstaff i tot un plaer va ser també coneixe’l.


“Perdona, la Churrería Almo2bar“. La pregunta sale de la boca de una rubia artificial que no medirá más de metro cincuenta y cinco. La confusión no tiene nada que ver con el alcohol, ha entrado en Venus desde Perill con el caminar ligero y la mirada serena. Obvio responder con un: “No es Churrería…” y le muestro el camino con un par de indicaciones. Quiero que ella misma descubra que en Bruniquer 59-61 no hay nada parecido a un puesto de porras, buñuelos y demás azucaradas ‘delicatessen’.

La veo desaparecer por Llibertad y justo entonces… el móvil. Una habitual. Llama para conocer la lista de clientes, mejor dicho, me pide que se la filtre para encontrar en ella alguno de los hombres con los que últimamente ha compartido las cervezas que acostumbra a tomarse en tierras falstaffianas. Necesita una noche ‘only women’. “No hay nadie”, digo. “Ok, vengo en diez minutos”, responde.

Cuelgo y… viene solo, en realidad viene con una pareja de colegas, pero no hay ni rastro de la mujer con la que lo veo habitualmente por aquí. Pregunto por ella (existe la confianza suficiente para hacerlo): “Nos hemos enfadado”, responde. Está algo descolocado, triste, bebe con desgana, apenas se mueve e intenta sonreir ante las bromas de sus amigos. Espero que dentro de algunas semanas vuelva con ella o en el caso de que todo haya terminado, recupere la sonrisa que vestía cuando lo conocí.


Cuando el miércoles por la tarde entré en la autoescuela, respondí al: “¿Qué tal?”, con un simple y sincero “Mal”. Mi vena de actor me confiere la posibilidad de interpretar distintos papeles según las circunstancias, sin embargo, no podía, ni quería, mentir. Ya lo dije, no iba a soportarlo un día más. El cambio fue instantáneo.

Ayer a primera hora se sentó a mi derecha el profesor que me habían recomendado. Un profesional con 35 años de experiencia y nombre de colonizador, que mutó mis lagrimosos ojos del miércoles por una amplia y feliz sonrisa al sentir que estaba aprendiendo. Antes de encender el motor confirmé que aquel era uno de los mejores, su lista de alumnos triplicaba la del anterior.

Me gustó su primera clase, la segunda y estoy seguro que seguirá
sorprendiéndome a diario. Sabe lo que tiene que decir y cómo decirlo. ¡Ah! No dudó en criticar la actitud del ‘otro’ por enviarme a la guerra antes de saber empuñar un arma. Yo no volveré a criticarlo, sólo quiero olvidarlo para siempre.


No voy a soportarlo ni un día más.


freno de mano

08Jun09

El objetivo de cumplir con la ‘obligación social’ de saber manejar aquellos trastos con motor y cuatro ruedas está más cerca. Lo sé. Los ritmos son algo lentos, pero estoy decidido a conseguirlo.

08.00 horas. No es la primera vez que ocupo el asiento del conductor, pero nunca antes había permanecido ahí más de treinta segundos, ni mucho menos había sujetado la llave del contacto, ni había viajado con ella 45 grados hacia delante manteniendo la posición un instante hasta escuchar rugir levemente al motor. A mi derecha, un tipo carente de aptitudes de enseñante. Un pésimo profesor al menos para noveles aprendices atenazados por los nervios que surgen al estar rodeado de elementos extraños. Mientras le escucho dar una clase deplorable, pienso que debería recomendarle algo más de paciencia, estrategias educativas, no estereotipar a todos sus alumnos, hablar con un tono de voz menos agresivo,… le daré un voto de confianza, pero esto no me huele nada bien.

¡Ah! Lo mejor de la clase, mi cambio de primera a segunda. Embrague a fondo y… freno de mano. Mi cabeza conoce la diferencia entre los dos dispositivos, pero mi mano derecha ha obviado la orden de la primera y se ha avalanzado hacia la palanca que nos ha dejado detenidos en medio de la calle. No problem. Creo que sólo necesito algo de tiempo y unas extremidades más obedientes.


He dormido menos de cuatro horas pero el pánico a quedarme frito y despertarme en el centro de Vigo no me permite echar una cabezadita, así que aprovecho la compañía del mini para escribir algunas entradas atrasadas.

Domingo. 09:30 horas. Como ya escribí a inicios de febrero, según el compañero de asiento, el viaje en AVE puede convertirse en un trayecto poco agradable. Sin embargo, con dos plazas para uno solo la comodidad es máxima. Observo un paisaje que cada vez se hace más familiar mientras miro de reojo al otro lado del pasillo. Una pareja de riojanos con los apuntes encima de la bandeja, los ojos adormecidos y las manos entrelazadas. A eso le llamo yo repasar los apuntes concienzudamente.


Acaba de llegar. Nos saludamos y me recuerda que no escribí sobre su historia. Es cierto. Lo olvidé. Olvidé hablar sobre lo acaecido hace una semana…

Desde que he recogido todo el mobiliario y los cuerpos han comenzado a crear movimientos algo acompasados no ha dejado de mirar a un grupo de clientas habituales. Lo sé porque le observo y porque una fiel lectora a estas letras me comenta la jugada. Es ella misma la que me pide que haga de intermediario y lo acerque hasta el terreno de sus amigas. Voy para allá. Es tímido. Me explica cuál es la mujer que no puede dejar de mirar y vuelvo a mi contacto al otro lado. “¿A quién le gusta él?” “Ella,” me responde disimuladamente. “Mierda”, pienso. “Le gusta otra”, replico a su respuesta. No lo duda un instante. Sabe qué chica es la causante de tantas miraditas. Parece resignada, algo apenada por su amiga, pero resignada. He aquí un triángulo. Tres vértices pero un único recorrido. Cuando A viaja hacia B, éste sólo piensa en C.

Vuelvo al presente y prometo que escribiré sobre ello en la crónica de esta noche. Sobre ello y sobre los fancinantes ojos verdes de una mujer y madre que le acompaña.

Lo mejor de anoche, Ricard. Desde que el 21 de octubre me enviara a más de 200 personas a darse un paseo por aquí, tenía pendiente una visita a Venus 3. Prometió que vendría. Ayer cumplió. ¡Qué grande!


Séneca, 9-11. 19 horas. La ciudad, inmensa, ofrece rincones escondidos como éste. Entrada a nivel de calle, las escaleras bajan, las escaleras suben, la luz desaparece bajo un paso inferior asediado por restos materiales de otros tiempos, la luz brilla sobre un patio interior que distribuye arte… Poniéndonos sinceros, hasta ayer, mi relación con la pintura no había ido más allá de los colages de Primaria y los retratos de Secundaria. En cualquier caso, no podía rechazar la invitación de Jordi.

Cuadrados dentro de cuadros, cuadros que visten las paredes que crean una sala inundada de amigos que saben que hoy es el día más importante para el artista. Supongo. Supongo que tras cientos de horas frente al lienzo, colgar el resultado en una pared pública ha de ser un momento maravilloso. Y no sólo al contemplar ahí la colección de trazos sino al ver desfilando amigo tras amigo,… Estuvimos hablando no más de quince segundos. ¿Más tiempo? Ni era necesario, ni era posible. Estoy seguro que en una próxima noche falstaffiana tendremos tiempo para comentar que esconden sus últimas obras, sus telas tratadas, sus trazos tejidos, la pintura que viaja de manera autónoma por el lienzo dibujando las venas rojas por las que navega la sangre del artista.

¡Ah! Me encantó. Me encantaron sus cuadros, sus cuadrados y sus palabras.

…me olvidaba, me encantó también reencontrarme con una falstaffiana que no se pasea por Venus 3 desde hace meses.


Idealizamos lo que no tenemos porque no lo tenemos, porque no lo tocamos, porque no lo conocemos, porque no sabemos nada de una realidad que ignoramos,… es lo que tiene la ignorancia. He idealizado a tantas mujeres, a tantos atractivos cuerpos, a tantas miradas fascinantes… he creado mitos que protagonizaban cuentos, cuentos que explicaban historias, historias que idealizaban sensaciones, sensaciones… Hace unos meses dejé de idealizar a todas horas, reservé mi imaginación únicamente para crear combinaciones lingüísticas y disfruté de la realidad, sin idealizaciones, ni cuentos, ni historias, ni falsas sensaciones.

Hablé sobre todo ello hace unos días, cenando en el corazón de Gràcia con aquella mujer que mantengo en mi lista de últimas llamadas tras aquel golpe de suerte.


último vagón

01Jun09

Domingo víspera de Pascua Granada o segunda Pascua. En Venus 3 somos cuatro. Me aburro. Y el aburrimiento pesa, cansa, se acumula al desgaste de una semana laboral que se alarga más de lo normal y lucho para ganarle la batalla a Morfeo. Cojo el móvil, salgo a la calle, busco cobertura y releo alguna de mis primeras entradas.

despertando (06/01/2007)
La conexión wifi te deja en la cuneta a última hora de la noche, justo en aquel momento de reflexión nocturna sobre lo que eres, lo que realmente deberías ser, o sencillamente lo que quieres ser.

Hoy no hay música. Tampoco hay dinero en el banco. Paradójicamente, la vida de estudiante era mucho más rentable para ti que cualquier otra. Limosna gubernamental y trabajo estival, la fórmula perfecta para recaudar. La poca vida social inherente a estos últimos años de tu vida hacían el resto.

Al niño se le ha despertado ahora, lejos de las aulas, ese afán por descubrir personas distintas, lugares diferentes y sensaciones… Cuando nos faltó confianza perdimos un tren, después otro, y otro… Y ahora, ahora que la confianza vuelve por el mismo camino por el que se esfumó hace tanto tiempo, queremos agarrarnos al final de aquel vagón, a aquella última oportunidad que dejamos escapar.

Meses después llegó el Falstaff, después la vida de urbanita…, desperté y me agarré con fuerza al último vagón.


A los catorce comencé a escribir breves crónicas deportivas. Lo hacía a mano en una pequeña libreta cuadriculada. Siempre el mismo discurso porque mi capacidad inventiva era reducida y porque el equipo se empeñó toda la temporada en conseguir el mismo resultado, la victoria. En tres años, las cinco diez líneas de los inicios se convirtieron en 90 ó 100. Firmaba mis crónicas, y lo hacía no en uno, ni en dos, ni en tres, sino en seis diarios provinciales y autonómicos.

En esta última década, he escrito decenas de miles de letras, he compuesto miles de palabras, he creado centenares de frases, decenas de párrafos… En está última década he tenido buenos y malos momentos, pero siempre recordaré los mejores. Recordaré el correo electrónico que leí desde Liverpool (agosto de 2002). Me despedía de Tercera y desde la redacción de uno de los periódicos más antiguos del país lamentaban mi marcha, una marcha obligada por el descenso del equipo. Tenía entonces dieciocho años. Recordaré algunas de mis crónicas, las mejores (según mi propio criterio), las más largas, las que abrían la sección de la categoría…

Sin embargo, como escribió Ana no hace mucho, “es legítimo dar cambios de rumbo…” Lo es, además, cuando esa decisión se adapta a una realidad muy distinta a la de hace diez años; lo es cuando no merece la pena invertir horas de autobús, tren, coche… para escribir unas pocas líneas; lo es, cuando ahora la urbe me ofrece mucho más de lo que me daba apenas hace un año. Nunca negaré que el mundo rural tiene algo especial, que soy feliz por haber pasado allí mis primeros dieciocho años, pero no, no es justo condenar el nacimiento de una nueva vida por seguir la inercia de estos últimos tiempos. Esto es, se acabaron los sábados non-stop y se acabaron algunos domingos perdidos en los asientos de un autobús.


Pasan cinco minutos de las tres de la madrugada. El trío de estúpidos de la noche lo forman dos hombres y una mujer. Son estúpidos porque a mi educada petición de alejarse de la esquina más cercana a Venus 3 responden con una chulería impropia de los treintaitantos que marcan sus arrugadas facciones. Lo sé, (dos años de noches falstaffianas me han servido para confirmar una obviedad) la edad no entiende de estupideces. En cualquier caso, continúo sorprendiéndome con la educación de algunos. Como no vale la pena discutir, centro mi tarea de silence maker en el resto de la clientela…

Continúan allí. Continúan allí después de recoger el local y bajar la persiana. No tengo prisa. Ahora no es trabajo. Es pura curiosidad, conocer hasta dónde alcanza su bajo nivel intelectual. Cruzando Perill han cambiado de esquina. Les observo en diagonal desde el otro lado. No estoy solo, me camuflo entre unos cívicos clientes que todavía no han decido que hacer con el resto de la noche. Me camuflo pero no escondo que les estoy mirando. Poco después… el más chulo de los tres, el más estúpido (aunque la mujer no se queda lejos) le da un último sorbo al cubata que alberga su vaso de plástico y deja caer el continente al suelo. Imbécil. ¿Dónde narices he puesto las granadas de mano?


Cuando estás solo, rodeado de gente que no conoces, crees que todo el mundo te está mirando. En realidad, nadie lo hace. Nadie se preocupa por un tipo con barba de tres días que lleva una hora de pie sin abrir la boca y que utiliza el móvil para huir de esa incómoda situación. Esa hora es una hora de retraso, más los quince minutos con los que ha llegado de adelanto.

De repente aparece la protagonista de la ‘fiesta’. Sin embargo, como el catering ya hace un rato que intenta saciar la gula de las 300 personas que luchan sin tregua por un trozo de jamón serrano y una copa de vino tinto, ella se lo toma con calma y encadena una conversación con otra como si el tiempo no importara. Una hora y media más tarde de lo programado coge el micrófono y… efímero discurso. Cuatro frases y se acabó.

Él, cabreado y hambriento (los nervios de la espera han cerrado su estómago) se marcha por donde ha venido no sin antes confirmar que la cara conocida con la que ha topado mientras esperaba lo es. Es conocida porque comparte sangre con una famosa duquesita. Comparte sangre y compartió compañero de catre no hace mucho tiempo.


Anoche huí de la ajena locura futbolística metido en un casi desértico japonés que me descubrió él y que ahora disfruto con ella. Quería aislarme del entorno evitando así escuchar los estruendos de la pólvora. Al final, todo fue en vano. El ruido se coló por el patio interior del edificio y para más inri en la única mesa con la que compartíamos restaurante apareció una forofa balompédica con la lengua muy entrenada. “¿Qué narices está haciendo aquí si en estos momento se está jugando uno de esos partidos históricos que ningún amante del fútbol debería perderse?”, pensé algo cabreado, intentando no oírla.

Hace un rato me he puesto a leer las letras de Ramón Lobo y…

¡Qué extraño es esto del fútbol! Uno puede cambiar de familia, mujer o marido -incluso de hijos-. Puede cambiar de partido político; de casa, barrio, ciudad o país; de trabajo y profesión; de ideas, sexo y religión… Uno puede darse la vuelta como un calcetín pero nunca abandonará el equipo de fútbol que por razones misteriosas se metió en sus venas durante la infancia. Y de ahí no sale aunque veas al rival jugar como los ángeles y al tuyo bobamente esperando el aterrizaje del Mesías Florentino.

Aunque tengo alma de rojiblanco, por su poética rebeldía y su papel de perdedor que pierde Ligas pero gana corazones, se me metió mi otro equipo en las venas en un partido con el Sevilla en Chamartín. Era la época de Di Stefano. No recuerdo nada. Solo que me impresionó y que dije a mi padre: “Seré del Real Madrid para siempre”.

No me da envidia la victoria del Barça frente al Manchester United, ni el triplete. Lo que me mata de envidia es el estilo. Su inalcanzable belleza.
Enhorabuena. Ya quedan menos para la Novena, como dice mi amigo Cué.

(‘Fúrbol’ y sentimientos)

Yo, a diferencia de Ramón, me apunté al equipo blanco cuando Tenerife era una isla maldita y Londres había colocado al histórico rival en el puesto más alto del continente. En cualquier cosa, hay cosas que no se pueden cambiar.


Aún no me había puesto a escribir sobre el fin de semana falstaffiano que ha expirado hace apenas unos minutos. Tampoco tengo mucho que contar, he estado fuera de juego la mayoría del tiempo, rumiando sobre la posible y cercana marcha de la que hablé hace siete días.

Anotaremos dos apuntes. El bueno. La visita de aquella mujer a la que dedicé  ‘con una rubia colgada del brazo’, es de esas clientas que me gusta ver de vez en cuando (¡ei! También hay clientes en esta ‘exclusiva’ lista). El malo. Increíble pero cierto. Anoche alguien utilizó uno de los portales del ‘Atmosphère’ como baño público. No lo vi en acción, no lo hubiera consentido, sólo fui testigo del resultado de su repugnante incivismo (creo que ya había utilizado antes esta combinación lingüística, ¡arg!). La realidad continúa superando a la ficción.


Seamos sinceros. Hoy ha sido el mejor 24 de mayo de los últimos 25 años. Hoy he sentido que hay alguien al otro lado. He saboreado cada llamada, cada mensaje, cada “¡Felicidades!”

Hace un rato me he puesto a pensar en aquel plastificado jardín en el que acostumbraba a vivir no hace mucho; en aquellos consejos que decían: “Debes plantas flores de verdad, regalarlas, respirar su aroma…”. Nunca lo hice. Así dejé marchitar cada una de las flores que brotaron en un terreno casi yermo. Fui falsamente feliz rodeado de vida artificial. Me convertí en un maldito zombi que sabía muy bien cómo esconder su condición de muerto viviente. De esta manera, conseguí no levantar sospechas y huir de cualquier mano amiga que quisiera sacarme del pozo.

Hoy, después de meses lejos de aquellos tiempos, he sido feliz. No recuerdo cuándo fue la última vez que soplé las velas de un pastel de cumpleaños dedicado exclusivamente a mí. Sin embargo, las de esta tarde no podré olvidarlas jamás.

Lo dicho. Gracias.


carné joven

23May09

Supongo que tendremos que esperar un 11M en el corazón de la Alta Velocidad Española para que se implemente un sistema de seguridad acorde con el terrorismo global en el que andamos metidos desde hace algún tiempo. Hoy me dejé las granadas de mano en casa, pero quién sabe, quizá la próxima vez no las olvide, me las meta en los bolsillos y reviente un par de vagones. No quiero víctimas, sólo despertarnos de este estado de falsa seguridad en la que vivimos.

Pasado el estúpido episodio de las maletas recorriendo un escáner de inspección por rayos X, mientras sus dueños no atraviesan ningún arco de seguridad, enseño mi billete y mi carné joven. Justo lo que han hecho tres de los cuatro pasajeros que me precedían la cola.

Un empleado de RENFE arranca el resguardo y comienza a mirar el carné, lo toma con una mano, le da la vuelta y… me pide el DNI. Aquí hay alguien que no se cree que tengo menos de 26 años. Yo, que viendo su cara de incredulidad, preveía esa petición, le cedo mi documento de identidad mientras mis labios dibujan una divertida mueca, sé que estoy viviendo una impagable entrada para el blog. Mantengo el silencio mientras contrasta la foto del carné con la cara del tipo que tiene delante y confirma la fecha de nacimiento. Justo en ese instante no puedo evitar comentarle al cuello de mi camisa: “Mañana cumplo 25″.


la dejo

22May09

Escribía el pasado 2 de marzo…

Me metí en la primera cama que encontré, sin hacer muchas preguntas. Sexo con sexo. Creí que el cariño, e incluso el amor, tarde o temprano terminaría llegando. Sin embargo, nunca tuvimos la confianza suficiente para nada, en realidad nunca tuvimos confianza. Éramos como una pareja de presos conviviendo en la misma celda, unidos sólo por una condena. Pero aquí sí podía huir, no había ni rastro de barrotes infranqueables, tenía la puerta abierta, tenía la opción de recoger los bártulos y buscarme a otra. Pero la desidia cotidiana era un arma de doble filo. Me atrapaba entre sus brazos al tiempo que me apuñalaba por la espalda.

Con el tiempo, el silencio se adueñó de nuestras conversaciones y poco a poco me fui convenciendo de que tenía que marcharme. Tenía que finiquitar una relación que nunca tuvo futuro porque nunca tuvo presente, una relación que no fue más que una unión de conveniencia.

La dejaré muy pronto, tan pronto como encuentre una mínima parte de lo que siempre he querido tener al girar la llave. Llegado el momento, la llamaré por su nombre y pausadamente despegarán de mi boca palabras de despedida.

Escribo hoy…

La dejo.

La echaré de menos… Echaré de menos sus balcones, sus cincuenta y tantos escalones y la tranquilidad absoluta de una zona casi intransitada.

Siempre nos faltó la confianza suficiente para compartir sofas, confesiones y sentimientos. Así pues, callé y tragué. Al final tenía dos alternativas, echar la mierda por la boca a modo de repugnante vómito, o cerrar la puerta, bajar tres pisos por última vez y marcharme sin volver a mirar un portal que me ha acompañado en los últimos once meses. Aposté por el final más limpio.


alive

21May09

(Hoy – 02/06/2009 – comienza un maratón literario que me llevará a cumplir con todas las entradas atrasadas. La meta está situada sobre la tarde del próximo sábado ¿domingo? ¡Ah! Las nuevas entradas irán apareciendo después de ésta.)

(Hoy – 08/06/2009 – continúa el maratón literario de la semana pasada. Después de completar los primeros kilómetros, ahora viene el sprint final, llegar al viernes sábado domingo puestos al día. Esta vez creo que sí podré cumplirlo, o al menos estoy seguro de que me quedaré muy, muy cerca.)

(Hoy – 24/06/2009 – sigo retrasado, algo menos, pero retrasado. Casi dos semanas por recuperar. Si alguien confía en mi temprana puesta al día, nos vemos por aquí.)

No, no estoy muerto.

Después de tantos días sin dejar nada por aquí he comenzado a escuchar los primeros rumores sobre mi propia muerte. Lo puedo confirmar. Confirmo que no estoy muerto, que estoy vivo, vivo pero inactivo, lo sé.

No prometo nada. Sólo diré que tengo ganas de escribir, pero me falta el tiempo, el tiempo y el momento preciso para hacerlo.

En cualquier caso, nos vemos pronto, muy pronto.


Llamada perdida de Perico. Hace meses que no sé nada de él, hace meses que no se pasa por el Falstaff. Lo llamó. Responde al otro lado del charco. El trabajo le montó en un avión hace ya algún tiempo y lo tendrá por ahí hasta finales de año.

¡Ah! Su móvil, como el mío, parecen tener vida propia, la perdida era un error… Como los que suelo cometer yo a diario. Debo reconocer que no estoy del todo satisfecho con mi última adquisición móvil, más aún después de intimar con una ‘BlackBerry Storm’, con ella y con su teclado táctil. Por el momento no caeré en la tentación, pero quién sabe si…


cambio de ruta

18May09

Cambio de ruta. Llevaba días barajando la posibilidad de modificar mi camino a la oficina. Había estudiado detenidamente el recorrido y la conclusión era clara, apurando cada zancada podía ganar cuarenta segundos, ahorrarme un semáforo. Así pues, tracé nuevas líneas, busqué nuevos cruces y… lo conseguí.

En Gràcia mantengo intacto el camino. De esta manera, continúo tomando como referencia el vino blanco de un hombrecito trajeado en Plaça Vila de Gràcia (otrora Rius i Taulet). Su nivel dentro de la copa marca mi retraso. Sigo pasando también entre la basura repartida por Mozart que las brigadas de limpieza del Ajuntament se apresuran en retirar, cruzo Bonavista…

La inauguración de la nueva ruta ha tenido un invitado de excepción, un ministro que no veía cara a cara desde su época de alcalde…

¡Ah! Lo sé, soy un jodido maniático.


Estoy cansando, que no harto, de los findes en Venus 3. Anoche, mientras abría y cerraba la puerta, mientras creaba algo de silencio y mientras apuraba mi segundo bourbon con cola pensé en dejarlo. Finiquitar allí mismo dos años falstaffianos que han marcado mi vida para siempre.

El Falstaff. No hablo de los ochenta metros de un oscuro rincón de Gràcia, sino de aquellos clientes que han pasado a formar parte de mi lista de últimas llamadas, de mi bandeja de correos recibidos, de mis trescientos ‘amigos’ facebookianos…

Lo dejaré. ¿Pronto?