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AVE. Capítulo 1. Comienzo mi dietario de a bordo

9 marzo 2013
por Óliver

06/03/13 | 07:12. 5A. Coche 8. AVE BCN – MAD

Mi segundo viaje a Madrid en tres semanas, el segundo de los cinco confirmados antes de Semana Santa. Llueve. Creo que no ha parado desde ayer por la tarde. ‘Todos los días de mi vida’ en las pantallas del vagón 8. ¿Recojo los bártulos y la miro?, me pregunto. Me autorrespondo: No puedes. Llevaba tanto tiempo sin escribir que casi había olvidado esta sensación de mostrar escondiendo, de no aclarar nada describiéndolo todo.

Soy feliz de lunes a viernes, infeliz algunos ratos de sábado a domingo. Lo nunca visto hace… uno, dos, tres, cuatro años. Es lo que tiene el paso del tiempo, la vida evoluciona, para bien y para mal.

07/03/13 | 20:25. 4C. Coche 9. AVE MAD – BCN

De vuelta a casa. Ha terminado ‘Quiero ser italiano’. Esta no me la he perdido; en realidad, la de ayer también la vi, aunque fuera compartiendo la atención con la preparación de las reuniones de dos días que agotan pero satisfacen.

En el cuarto vagón de una ristra de 22, a uno le da la sensación, al principio, de estar arrastrando una carga demasiado pesada para alcanzar los 300 Km/h. Falta de costumbre. Supongo que no tardaré en familiarizarme con estos trayectos de dos horas y tres cuartos, su mayoría de trajeados inquilinos, sus caras conocidas camino de los asientos de preferente…  a los maleducados que pueden fabricar una conferencia telefónica pública de más de dos horas aún no los conozco, por mucho que haya escuchado hablar sobre ellos.

carta abierta a uno mismo

11 septiembre 2012
por Óliver

Aprovechas la primera jornada nocturna víspera de festivo que pasas lejos de Venus 3 en el último lustro para respirar el tímido silencio de la noche urbana. Lo de hace 24 horas sí era silencio y oscuridad. En el pueblo, a diferencia de en la ciudad, se acostumbra a respetar el descanso de la noche. Solo lo respiras, decía, porque los oídos están entretenidos en el piano de Rob Costlow.

No nos engañemos, nunca has sabido cerrar los capítulos que van explicando tu vida, más bien esperas a que se termine el papel para pasar página. Así estuviste más de una década escribiendo crónicas de fútbol regional, aunque ello significara desaprovechar oportunidades que no iban a volver a pasar. Así engañaste al espejo durante años hasta que éste te mostró lo que querías ver; es posible que seas de las pocas personas en este mundo que apenas recuerda el rostro que vistió en su adolescencia. Así te has pasado los últimos cinco años de tu vida en la puerta de un bar. Me dirás que solo son seis horas a la semana, que te pagan muy bien, que la clientela es agradecida y que el Falstaff te ha dado casi todo lo que tienes ahora… ¡Y una mierda! Lo dices como si no hubiera vida sin Venus 3, como si en el pasado solo hubiera habido un camino que escoger. No. No me he puesto a escribir para divagar sobre lo qué hubiera sucedido si hubieras hecho esto o lo otro, a eso ya te dedicas tú cada vez que tienes un rato. En obviar el presente soñando con un pasado mejor no te gana nadie.

Escribo, y lo hago como tú mismo lo hacías en 2004 en tus inicios como blogger, desde la sinceridad que solo reservas para ti. Escribo con un único objetivo, preguntarte si esta vez tendrás agallas para dejar de divagar y enfrentarte al ahora. ¿Las tendrás? Si estuvieras solo no confiaría en ti, pero con ella a tu lado… Una mujer que continúa junto a ti después de mostrarle tu peor cara,… no creo que tengas otra oportunidad así, una oportunidad para retomar la marcha tras tanto tiempo en un área de servicio imaginaria en la que has visto pasar el tiempo, esperando que la vida se hiciera sola. No me sueltes ahora un “No me ha ido tan mal”. Si la que llevas es la vida que quieres, no desvíes un ápice tu rumbo… pero no me sigas engañando, no te sigas engañando. Sabes tan bien como yo que tu día a día conduce a un vía muerta en la que falsamente te has propuesto vivir para siempre.

Escúchate, escúchala, mírate a los ojos, mírale a los ojos y prométete mientras le prometes que a partir de mañana lucharás con todos tus fuerzas por ser feliz.

desde un A320

2 octubre 2011
por Óliver

El tiempo, esto es, la experiencia, me había enseñado a soportar discursos infinitos que no llevaban a ninguna parte y que sólo existían porque su autor disponía de un ego algo necesitado de cariño. Así pues, ahí estaba yo, en la puerta 6 de un pequeño, pero necesario, aeropuerto esperando que se vaciara un Airbus A320 llegado de quién sabe dónde, mientras intentaba evadirme de la última disertación que él había decidido dedicarme.

Pongámonos sinceros. Eso es respetar a las personas mayores y no cederles el asiento en el Metro. Que sí, que todo suma en nuestra carrera al Cielo, pero no comparemos, que levantarse y pasar cinco minutos de pie no tiene mérito alguno y además uno queda como un señor. Sin embargo, permanecer falsamente atento y con rostro de interés ante un discurso infinito e inútil no tiene precio, ni muchos menos reconocimiento.

hotel de cinco estrellas y menú de lujo

26 julio 2011
por Óliver

(20/04/2010)

Sitges. La niebla esconde el mar a una mirada situada en lo alto de una montaña, hotel de cinco estrellas y menú de lujo. Vinos de todos los colores y platos inmensos para manjares reducidos. Más o menos lo de siempre cuando me apunto a estos saraos gastronómicos.

Teatre Coliseum

26 julio 2011
por Óliver

(14/04/2010)

Teatre Coliseum. Él le lee el programa a ella, tendrán unos 75 años, a su derecha una mujer algo más joven toma con habilidad unos prismáticos. Al otro lado una niña de bien se hunde en la butaca. Detrás una bella joven custodiada por sus padres, él con una cola de 500 cc en la mano y un Kit Kat en el bolsillo de la camisa; ellas se reparten unos M&M’s. Uno que va al cine una vez cada década y al teatro un par de veces en la vida (al menos hasta el momento), pensaba que el público venía meado y comido de casa.

Benvingut!

26 julio 2011
por Óliver

(07/04/2010)

Ayer sobre las 19:45 vio la luz y decidió buscarse la vida lejos del útero materno, espero que no se arrepienta. Benvingut!

un amor con fecha de caducidad

26 julio 2011
por Óliver

(05/04/2010)

Él nunca le mentió, le explicó que aquello no sería nada serio, una relación basada en el sexo y un amor con fecha de caducidad. Fue ella la que se autoengañó. Fue ella la que le dijo que lo entendía. Y es posible que lo entendiera, pero nunca quiso creerlo. Es por eso que se ha puesto a gritar hace un rato, cuando él le ha dicho que ahí se había terminado todo.

Espriplopio, el desenlace

11 julio 2011
por Óliver

Dos recuerdos.

El primero.
En el instituto era ‘el hombre 9′. Ella era ‘la mujer 10. He aquí la diferencia entre el estudio concienzudo de la segunda y el esporádico con sprint final del primero. Recordé esto no hace mucho, cuando descubrí que en la actividad del Postgrado en Community Manager & Social Media dedicada a posicionar una web relacionada con la palabra ‘Espriplopio’ el profesor nos había puesto un 9. No esperaba más. Y no esperaba el 10 porque al igual que hace una década uno sabe el esfuerzo que ha dedicado a una actividad y el informe final presentado adolecía de cualquier virtud que le pudiera permitir alcanzar el cenit.

El segundo.
El puente colgante abandonado en un rincón de la ebanistería que regentaron mi abuelo y mi padre antes de subir al cielo, aquel trabajo de Tecnología… aquello fue una obra colectiva cuya ejecución se realizó de manera individual. Entonces era un maldito egoísta desconfiado de lo que otros pudieran ofrecerme; sin embargo, hoy, y desde hace algún tiempo, me fascina el trabajo en grupo, aunque no siempre pueda llevarse a cabo.

Espriplopio, “No queremos que entiendas su nombre, solo que pruebes su sabor”

12 junio 2011
por Óliver

Actualización 16/06

Este post lleva varios días colocado en el top10 de los resultados de google.es al buscar ‘espriplopio’. Digo yo que de algo me tendría que servir escribir (bueno, cuando escribía…) un blog desde diciembre de 2004 y tener un dominio .com desde 2007 :)
Un día os contaré qué cosas pueden ocurrir cuando posicionas tu página en la primera posición de google.es cuando la gente busca información sobre un restaurante en concreto o una peluquería!

Reconozco que mis lectores, bueno no sé si todavía queda alguno por ahí (algún ‘reader’ que todavía mantiene su fidelidad en su lector de ‘feeds’), en cualquier caso, decía, reconozco que aquellos que se pasen por aquí merecen descubrir las historias a las que os tenía acostumbrados, más aún cuando llevo meses sin hacerlo. Sin embargo, hoy el domingo dará paso al lunes y en olivermiranda.com seguirán faltando las letras que os debo desde hace tanto tiempo.

Espriplopio. Detrás de una palabra que oficialmente no existe aparece la respuesta a dos preguntas: ¿Por qué llevas tanto tiempo sin escribir? y ¿por qué has vuelto hoy a hacerlo?

La primera la responde en parte, pero no diré nada más hasta dentro de un tiempo. Sobre la segunda es sencillo, vuelvo a escribir para promocionar una palabra sobre la que un grupo de amigos hemos montado una especie de cóctel fantástico que descubrimos hace poco. Así pues, sólo puedo invitaros a disfrutar de él con nosotros, aunque primero os pedimos algo de participación, esto es, uniros y participar en nuestra página en facebook (todavía en proceso de formación), en nuestro twitter (aún en el vientre de su madre) y en nuestra web www.espriplopio.com (una cosilla modesta)

“¡mi bolso!”

13 mayo 2011
por Óliver

Era como si no me importara. Habíamos facturado el equipaje y nos dirigíamos al control de acceso. Entonces… “¡mi bolso!”, exclamé con una voz más seria que preocupada. “Mi bolso” significaba las llaves de casa, un par memorias USB con información copiada en el ordenador de la oficina pero que había pensado consultar durante el fin de semana, un iPod, un iPad… también guardaba algunos papeles pero no recordaba cuáles. Como tampoco recordaba dónde exactamente había dejado el bolso por última vez. ¿En la sala de prensa?, ¿en el autobús que diez minutos antes nos había traído al aeropuerto…? Dudaba yo y dudaba ella. Volvíamos a estar juntos en un aeropuerto italiano y el guión marcado se torcía de nuevo. Decidimos entonces apostar por la primera opción e hicimos un par de llamadas. De repente recordé una conversación que habíamos mantenido justo antes de que arrancara el autobús. Recordaba el diálogo y recordaba también que mientras hablábamos yo había dejado mi bolso en el compartimento superior del autobús. Debíamos cambiar nuestro ‘plan de rescate’.

Buscamos las oficinas de la compañía de autobuses que nos había traído hasta allí pero no terminamos de dar con ellas. Así pues, ya en la planta inferior, en la zona de llegadas del aeropuerto de Milán-Malpensa, y mientras la dejaba a ella averiguando donde estaban las oficinas, yo buscaba una puerta hacia el exterior.

Fuera encontré a un par de autobuses que compartían compañía con el mío. Observé a un tipo con un pinganillo y me acerqué a él. Con mi catalán italianizado (una de las vías más rápidas para comunicarse que había descubierto esos días en Milán) le expliqué el problema mientras le enseñaba mi tique. Antes de preguntarle si me había entendido ya estaba llamando a cocheras. Entonces llegó ella y tomó el mando de la conversación. Describió mi bolsa y… debíamos esperar diez minutos, nos dijo el hombre del pinganillo.

Durante la espera, algo más larga de lo esperado, pero muy tranquila, me entretuve viendo como dos compañías de autobuses distintas luchaban por hacerse con la pasta de los recién llegados. Divertido verlo desde fuera, nada saludable vivirlo desde dentro, supongo.

Más de 20 minutos después del “esperad 10 minutos” llegó un coche oscuro y de repente mi bolso apareció a través de la ventanilla del copiloto. Terminaba ahí una nueva ‘aventura aeroportuaria’. ¿Habrán más? No lo dudo.